Para poder criticar a los alcaldes electos, como ciudadanos, tenemos el deber de aportar lo que nos corresponde como gobernados para la reconstrucción del tejido social, básicamente eliminando de nuestro comportamiento cotidiano, las conductas que en los planes de gobierno se entienden o se describieron como obstáculos o barreras comportamentales, para lograr el objetivo programático.
Al votar por los alcaldes electos y sus programas... votamos al mismo tiempo por el perfil del ciudadano gobernado, que en las propuestas no elegidas y en la preferida por la mayoría, son prácticamente iguales, ya que, cuando no de un discurso populista aceptado por la mayoría, nacen del análisis de las problemáticas que afectan al interés general y se oponen al objetivo de “vivir sabroso”, que no es otra cosa distinta a vivir sin miedo, con dignidad y garantía de derechos, con orgullo por nuestra cultura y en nuestro territorio... paladeando la vida.
De la anterior manera se recomienda, para los que lo leyeron antes de votar, volver a leer los programas de gobierno, encontrando lo que la mayoría exigió del ciudadano y que ahora es reclamación común por las leyes de la democracia, si existe esta entelequia más allá del procedimiento. (A los que no leyeron, votaran o no, se recomienda leerlos).
En la mayoría de las 1.102 alcaldías se aceptó democráticamente los resultados electorales, aún que se oficializaron descontentos por parte de los aspirantes a los 101.590 ciudadanos que se inscribieron para las 12.072 sillas disnonibles en los concejos a través de listas cerradas y abiertas y que fueron derrotados porque los votos presupuestados no aparecieron en el conteo final. Entonces vale la pena preguntarse: ¿qué haremos de este lado, como gobernados, para que sean eficientes?
De otra parte, con el voto mayoritario y la adhesión que obliga la democracia, se aceptó que muchos ciudadanos que se movilizan en motos o carros infringen permanentemente las normas de tránsito y que muchos desconocen o inobservan la cultura de movilidad como actores viales, por lo que debemos preguntar (nos) por las normas que desconocemos o inobservamos, por las acciones que nos es obligado realizar para, como se dijo: poder vivir seguros, que es “vivir sabroso”.
Desde la otra orilla, el alcalde electo debe entender que la mayoría de los comportamientos del ciudadano para su programa de gobierno, solamente son posibles cuando la administración prometida cumpla, ya que el caminante necesita andenes y seguridad policiva para caminar; las bicicletas requieren ciclorrutas seguras y legales; la informalidad del transporte, empleo, el pasajero de servicio público, transporte eficiente y suficiente... y así.