Se perdió la dignidad en el cargo de alcalde

Se perdió la dignidad en el cargo de alcalde

Se perdió la dignidad en el cargo de alcalde

No se trata de un manejo peyorativo de la relación laboral, como tampoco, de restarle importancia social a cualquier tipo de labor desarrollada en forma dependiente de manera formal. Se trata, como decían los antiguos, de resaltar el ejercicio de aquellos cargos superiores en la escala jerárquica del sector público.

Una de las características de la democracia, es permitir el acceso a los diferentes cargos, a cualquier ciudadano, sin importar su nivel social, pero la democracia, como cualquier estructura civilizada, debe exigir unos mínimos, considerados necesarios, para el ejercicio de cierta función.

Esta es la razón por la cual todos los cargos, especialmente los que se ejercen en el sector público, deben ser ocupados por personas que reúnan ciertas calidades personales y profesionales, quienes además no deben estar incursos en causales que los inhabiliten para su ejercicio, que supongan la existencia de conflictos de interés, todo ello con el fin de darle transparencia al ejercicio de la función pública.

Esas exigencias del gobierno democrático, la necesidad de que la ‘polis’ fuera dirigida por espíritus superiores, hizo que los más altos cargos del estado fueran considerados, no como simples puestos de trabajo, sino como dignidades, por cuanto solo podían ser ejercidos por quienes personal, moral y socialmente mostrarán a través de su trayectoria y realizaciones, que, no solo eran capaces, sino dignos, es decir, “superiores” para ese tipo de ejercicio. Ser presidente de la República, gobernador, alcalde, ministro, magistrado, procurador o contralor general, no significa simplemente conseguir un cargo, es algo que se vincula con el sentido de la dignidad, que sólo se alcanza por quien tiene una expresión personal superior y diferente a la del común de la gente, pero que es capaz de llegar a toda la población, gracias a los frutos de su especial expresión como representante de la ciudadanía.
 

Ejercer una dignidad es estar más allá de los intereses personales. Quien ejerce una alta dignidad debe tener el carácter del digno, tener la prudencia del sabio, desarrollar capacidad para aglutinar, dar ejemplo de equidad, tolerancia y ecuanimidad. La república se desarrolla por la dignidad de sus líderes, no por su capacidad para generar enemigos, ni para crear conflictos.

El hombre digno, gobierna para todos, para la unión y el desarrollo común. El que gobierna como un simple empleado, es porque carece de capacidad de liderazgo quedando a especias de las decisiones de los secretarios del gabinete. Los recientes comportamientos de nuestros últimos alcaldes ha mostrado con claridad la diferencia entre quien alcanza la alcaldía como un empleo porque su trayectoria profesional ni fue destacada ni fue ejemplarizante, de allí sus periodos de gobierno abreviados.

Hoy los habitantes de Buenaventura extrañan aquellos alcaldes que generaron desarrollo a la ciudad, que mostraron que ser alcalde no es un simple cargo, sino una dignidad.


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