Tres historias ejemplarizante del Icfes Por: Paola Andrea Gómez Perafan

Tres historias ejemplarizante del Icfes Por: Paola Andrea Gómez Perafan

Tres historias ejemplarizante del Icfes Por: Paola Andrea Gómez Perafan

Diego Fernando Castaño Mosquera, de Buenaventura; Luciana Rojas García, de Bogotá, y Andrés Mauricio Vega Julio, de Cartagena: tres historias distintas detrás del puntaje perfecto en las pruebas saber Icfes.

Los ojos del país se centraron en Diego, estudiante del colegio Termarit de la ciudad puerto del Pacífico. Allí, un adolescente del barrio Bellavista, hijo de una madre cabeza de familia, logró ascender a los titulares de los medios sin un rastro de violencia en su historia. Allí, donde la esperanza de vida joven gravita en una delgada línea, acosada por la pobreza y la violencia, un jovencito le recordó a su gente que sí se puede, que estudiar duro vale la pena y que gracias a su resultado podrá realizar su sueño de ir becado a la Facultad de Medicina de la Universidad del Valle.

“Yo soy parte de comunidades negras y quiero esperar si existe alguna otra oportunidad. Soy una persona de escasos recursos y espero poder tener mejores oportunidades para estudiar y luego ayudar a mi familia a salir adelante; mejorar nuestra condición social y empezar a cambiar mi vida”. Ahí está más que claro el mensaje de Diego. Que haya algún empresario filántropo que lo financie, porque entrar a una universidad becado es apenas el inicio de un reto que necesita respaldo.

Luciana Rojas García, del Liceo de Colombia Bilingüe de Bogotá, también sueña con ser médica. Se preparó desde hace tres años para obtener, al menos, 440 en las pruebas. Proveniente de una familia clase media, la hija única de Elizabeth y Mauricio se tomó el Icfes a conciencia de que su puntaje le daría una beca para llegar a las mejores universidades. Ahora repasa los pénsums de la Nacional y Los Andes. Es una “nerd”, como le dice su mamá: lee 50 libros al año, sus amigos dicen que “estudia hasta para desaburrirse”.

Andrés Mauricio Mosquera Julio, uno de los cinco hijos de Eusebia Julio, cabeza de familia, en Cartagena. Fue monaguillo de la parroquia San Francisco, estudiante destacado del Colegio Corazón de María. Murió ahogado el pasado 28 de octubre, en las playas del Crespo. Esa tarde jugaba fútbol con dos amigos, y al ir por el balón al mar, una corriente lo atrapó y falleció. Su familia recibió la noticia de su resultado, una semana después de su muerte.

“Excelente estudiante, buen hijo y consagrado a Dios, tanto así que desde hace seis años era monaguillo en la parroquia San Francisco de Asís, en el barrio del mismo nombre”, dijo su mamá. “Fue un hijo ejemplar, su vida académica transcurrió en Corazón de María, ya que desde preescolar comenzó allí, y sus primeros pasos y hasta los últimos, los dio en ese colegio”, dijo Jackeline Esquivia, coordinadora escolar.

El pasado 13 de agosto, 650.000 estudiantes de 525 municipios del país presentaron las pruebas. En el 2022, el promedio del Valle fue 246 sobre 500, avanzando apenas 6 puntos. Los buenos resultados del Valle y de Colombia en las pruebas saber, siguen siendo un reto, un pendiente. No hay que desconocer la apuesta de muchos centros educativos, pero la educación pública en Colombia sigue al vaivén de favores políticos, de colegios de garaje y de baja formación docente. No sé qué podría ser más importante que la educación de nuestras niñas y niños. Que las historias de Diego, Laura y Andrés nos digan algo.


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